Después
de 20 largos minutos sentada frente a una página en blanco,
intentando criticar el presente e imaginar un futuro mejor, decidí
dejar de esperar la llegada celestial de la inspiración para ir yo
misma en su búsqueda.
Así
fue como acabé pidiéndole a Lola que me diera su opinión acerca de
las características que yo consideraba necesarias para crear una
utopía. Mediante la “entrevista”, esperaba hacer reflexionar a
mi tía.
Ahí
estaba yo, la renegada, sentada frente a mi queridísima tía. Una
chica de 18 años, estudiante, adicta al café y declarada
“pensadora”, frente a una mujer de 46 años, en el paro, adicta a
la tele-basura pero al fin y al cabo feliz.
Empecé
preguntándole si estaba de acuerdo conmigo en que la Moral es algo
innato. Ella, tras fingir que había entendido mis palabras, asintió
con un leve movimiento de cabeza y afirmó que creía en la buena
voluntad de las personas, algo que todos tenemos. Seguí
preguntándole si creía que la educación es algo imprescindible e
importante, ya que debemos tener cierta cultura general para poder
ser razonables y poder pensar. La mujer volvió a asentir, ésta vez
con seguridad y entusiasmo. Entonces decidí hablar sobre “el
Bien”, y preguntarle si creía en la existencia de un vínculo
capaz de unir a todos los seres humanos. Tras su rotunda negación,
le pregunté si no creía que la empatía, la capacidad de ponernos
en la piel de otra persona, podría ser ese vínculo. Lola confundió
la empatía con la amistad, y tras explicarle repetidas veces que la
empatía la sientes tanto por tus amigos como por tus enemigos
(usando personajes de la tele-basura como ejemplo), consiguió
entenderme y finalmente me dio la razón.
Parecíamos
estar de acuerdo en todo, hasta que llegaron las preguntas sobre “el
mal”. Cometí el terrible error de comparar el mal con la
enfermedad, y de relacionar el egoísmo con la corrupción y la
manipulación. Lola no entendió nada, pero decidió afirmar que el
egoísmo es algo inevitable y que la corrupción y la manipulación
no estaban relacionados con el egoísmo. Como sabía que necesitaría
al menos 4 ejemplos distintos para que entendiera a lo que yo me
refería y que perderíamos mucho tiempo, decidí pasar al tema
siguiente, y preguntarle si creía que la tecnología y la avaricia
son otras de las formas del mal. Mi tía contestó bruscamente
,mientras miraba fijamente mi móvil, que la tecnología es el mal,
puesto que ésta es capaz de absorbernos. Decidí apartar de su campo
de visión mi teléfono móvil, mientras proseguía con la
entrevista. Acabando con las posibles formas del mal, le pregunté si
le gustaría ser famosa. Con fingida sinceridad, respondió que no,
ya que los famosos estaban siempre muy agobiados. Su respuesta me
hizo comprender que Lola asociaba la fama a la televisión y al
dinero, y que por lo tanto no existía fama en su mundo para
escritores como Shakespeare o Cervantes.
Por
último, para finalizar la entrevista, le pregunté si creía en
Dios. Lola, casada por la iglesia y habiendo llevado a su hija a un
colegio de monjas, respondió que no creía en Dios porque un Dios no
permitiría tantas injusticias, guerras y maldades en el mundo. Pero
no negó su existencia porque, palabras textuales, “el hombre tiene
que venir de alguna parte y alguien tuvo que crear el mundo”.
Sorprendida le dije que si no le sonaba el Big
Bang y
la
teoría de la evolución.
Lola afirmó, orgullosa y con una sonrisa de oreja a oreja, que Big
Bang era una tienda de ropa, y que también podía ser la famosa
torre del reloj de Londres.
Antes
de que se sentara de nuevo frente al televisor le pregunté a Lola si
era feliz. Contestó que sí porque tenía para comer, tenía salud
y tenía amor. Perpleja, le pregunté si no se había olvidado lo de
pensar. Mi tía, enojada, me contestó que si quieres ser feliz no
debes pensar y, tras llamarme una vez más Renegada y susurrar un
“así te va, pensadora”, se levantó para volver a su feliz
mundo.
Queridísima tía Lola; De
mi experimento se podrían sacar muchas conclusiones. Entre ellas que
estoy orgullosísima de ser una renegada, si eso significa que me
gusta pensar y reflexionar (Aunque la mayoría de las veces mis
pensamientos me lleven al pesimismo). Prefiero ser una renegada
pesimista, a una Lola feliz.

