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lunes, 15 de diciembre de 2014

Lola es feliz.

Después de 20 largos minutos sentada frente a una página en blanco, intentando criticar el presente e imaginar un futuro mejor, decidí dejar de esperar la llegada celestial de la inspiración para ir yo misma en su búsqueda.

Así fue como acabé pidiéndole a Lola que me diera su opinión acerca de las características que yo consideraba necesarias para crear una utopía. Mediante la “entrevista”, esperaba hacer reflexionar a mi tía.
Ahí estaba yo, la renegada, sentada frente a mi queridísima tía. Una chica de 18 años, estudiante, adicta al café y declarada “pensadora”, frente a una mujer de 46 años, en el paro, adicta a la tele-basura pero al fin y al cabo feliz.

Empecé preguntándole si estaba de acuerdo conmigo en que la Moral es algo innato. Ella, tras fingir que había entendido mis palabras, asintió con un leve movimiento de cabeza y afirmó que creía en la buena voluntad de las personas, algo que todos tenemos. Seguí preguntándole si creía que la educación es algo imprescindible e importante, ya que debemos tener cierta cultura general para poder ser razonables y poder pensar. La mujer volvió a asentir, ésta vez con seguridad y entusiasmo. Entonces decidí hablar sobre “el Bien”, y preguntarle si creía en la existencia de un vínculo capaz de unir a todos los seres humanos. Tras su rotunda negación, le pregunté si no creía que la empatía, la capacidad de ponernos en la piel de otra persona, podría ser ese vínculo. Lola confundió la empatía con la amistad, y tras explicarle repetidas veces que la empatía la sientes tanto por tus amigos como por tus enemigos (usando personajes de la tele-basura como ejemplo), consiguió entenderme y finalmente me dio la razón.
Parecíamos estar de acuerdo en todo, hasta que llegaron las preguntas sobre “el mal”. Cometí el terrible error de comparar el mal con la enfermedad, y de relacionar el egoísmo con la corrupción y la manipulación. Lola no entendió nada, pero decidió afirmar que el egoísmo es algo inevitable y que la corrupción y la manipulación no estaban relacionados con el egoísmo. Como sabía que necesitaría al menos 4 ejemplos distintos para que entendiera a lo que yo me refería y que perderíamos mucho tiempo, decidí pasar al tema siguiente, y preguntarle si creía que la tecnología y la avaricia son otras de las formas del mal. Mi tía contestó bruscamente ,mientras miraba fijamente mi móvil, que la tecnología es el mal, puesto que ésta es capaz de absorbernos. Decidí apartar de su campo de visión mi teléfono móvil, mientras proseguía con la entrevista. Acabando con las posibles formas del mal, le pregunté si le gustaría ser famosa. Con fingida sinceridad, respondió que no, ya que los famosos estaban siempre muy agobiados. Su respuesta me hizo comprender que Lola asociaba la fama a la televisión y al dinero, y que por lo tanto no existía fama en su mundo para escritores como Shakespeare o Cervantes.

Por último, para finalizar la entrevista, le pregunté si creía en Dios. Lola, casada por la iglesia y habiendo llevado a su hija a un colegio de monjas, respondió que no creía en Dios porque un Dios no permitiría tantas injusticias, guerras y maldades en el mundo. Pero no negó su existencia porque, palabras textuales, “el hombre tiene que venir de alguna parte y alguien tuvo que crear el mundo”. Sorprendida le dije que si no le sonaba el Big Bang y la teoría de la evolución. Lola afirmó, orgullosa y con una sonrisa de oreja a oreja, que Big Bang era una tienda de ropa, y que también podía ser la famosa torre del reloj de Londres.
Antes de que se sentara de nuevo frente al televisor le pregunté a Lola si era feliz. Contestó que sí porque tenía para comer, tenía salud y tenía amor. Perpleja, le pregunté si no se había olvidado lo de pensar. Mi tía, enojada, me contestó que si quieres ser feliz no debes pensar y, tras llamarme una vez más Renegada y susurrar un “así te va, pensadora”, se levantó para volver a su feliz mundo.

Queridísima tía Lola; De mi experimento se podrían sacar muchas conclusiones. Entre ellas que estoy orgullosísima de ser una renegada, si eso significa que me gusta pensar y reflexionar (Aunque la mayoría de las veces mis pensamientos me lleven al pesimismo). Prefiero ser una renegada pesimista, a una Lola feliz.

Atentamente, la Renegada.


Atentamente, la Renegada.

Buenos días, buenas tardes o buenas noches. Lo importante es que sean buenas. Me presento: Soy la Renegada, una chica de 18 años, estudiante, adicta al café, declarada soñadora. Actualmente residente en España, deseando acabar bachillerato para poder huir a Sud América, donde aprender a ser feliz.

- ¿Huir?- Os preguntareis.

Huir, escapar, liberarse, evadirse, desaparecer, esfumarse... Abandonar la casa en la que vivo, y sobretodo abandonar a Lola. Zafarme de la hipocresía de mi queridísima tía. Olvidar las escenas, los gritos, las discusiones... No tener que convivir con alguien que te llama fracasado, solo por no pensar como la mayoría de gente. No tener que soportar la incultura, la ignorancia, la estupidez de alguien que cree ser inteligente.

Quiero ser libre. Poder dar rienda suelta a los sueños, al optimismo, a la felicidad. Hasta entonces, compartiré las increíbles escenas que soporto día tras día gracias a mi queridísima tía Lola.


Atentamente, la Renegada.